Consejos para tu presentación...

Presentaciones 10/20/30. Es una regla creada por Guy Kawasaki, que nos dice que toda presentación, debe contar con: no más de 10 diapositivas, que dure 20 minutos, y no tenga texto más pequeño que 30 puntos.
Entretener. Las presentaciones deben ser entretenidas e informativas. No es cuestión de montar un espectáculo cirquense, pero una exposición seca sin ninguna pasión o humor hará que la gente se aburra y por lo tanto preste menos atención.
Las pausas. Los conferenciantes nerviosos e inexpertos dicen las cosas aceleradamente, es necesario pausar de manera consciente y sobre todo utilizar las pausas para dar énfasis o crear expectativas.
Contacto visual. Es fundamental mantener contacto visual con el auditorio, pero no centrarse en una sola persona (se puede sentir incomoda), debemos repartir nuestra mirada por todo el auditorio sin que sea molesto. Miramos a una persona y pronunciamos algunas frases, luego a otra, etc.
Resumen de 15 palabras. Si no puedes resumir tu idea en quince palabras, lo mejor es reescribirla e intentarlo otra vez. El efectuar una parada y resumir lo dicho ayuda a centrarnos en los puntos principales de lo expuesto. Así que saber cuales son las quince palabras importantes para el resumen es importante para enfatizar el tema. Hablar es un medio ineficiente para comunicar información, así que esas 15 palabras son importantes, para que puedan ser repetidas.
La regla 20-20. Otra regla que puede ir bien es utilizar veinte diapositivas, y en cada una de ellas usar veinte segundos de tiempo. La regla te fuerza a ser conciso, por lo que tienes que ir al grano y evitas que la gente se aburra.
No leer. (Este punto esta estrechamente relacionado con el punto 4) Si estas todo el tiempo leyendo las notas o mirando a las diapositivas para que te recuerde que decir, darás la impresión de que no te sabes el tema y puedes perder la confianza que la audiencia tenga en ti.
Adorna tus argumentos con algunas historias. Sobre todo si tu presentación va a ser larga, podemos explicar nuestros argumentos con historias cortas, anécdotas y otros recursos (que ayuden a centrarnos en el tema). Los buenos narradores saben utilizar una historia para crear una conexión entre las ideas que quiere expresar y así captar la atención de la audiencia.
Proyectar tu voz. No hay nada peor que una presentación que se escucha mal. Incluso en el mundo que estamos viviendo con micrófonos y de amplificadores, necesitas ser oído. Eso no quiere decir que estés constantemente gritando, sino al estar de pie, podemos dejar que la voz salga de tus pulmones para que resuene en el aire, en lugar de que salga de tu garganta, que produce un sonido más débil.
No planear los gestos de antemano. Los gestos o ademanes tienen que ser naturales, como cuando hablamos con otra persona, así podemos utilizar los ademanes como una extensión de tu mensaje, transmitiendo emociones. Los gestos planeados nos hacen parece falsos, porque no emparejan como lo puede ser otras señales involuntarias del cuerpo. Nunca mantengas tus manos pegadas a tu cuerpo, ni en los bolsillos.
Realizar pregunta sin esperar que el auditorio las conteste. Al utilizar este recurso, despertamos expectativa y nos da tiempo para organizar tu respuesta. El auditorio está esperando la respuesta y presta más atención.
Respirar hacia adentro y no hacia fuera. En lugar de utilizar las típicas muletillas «este», «o sea», «es decir», podemos sustituirlas por una leve pausa para una corta respiración para tomar aire, y la audiencia apenas la notará.
Ser puntual. Si llegas con tiempo al lugar de la presentación, te da tiempo de comprobar que todo esta preparado, puedes probar como funciona el proyector, los micrófonos, etc. Así nos aseguramos de que no habrá ningón sobresalto de última hora. Todo eso ayuda a bajar la ansiedad del que hace la presentación.
Practicar. Ensayar de antemano frente a una pequeña audiencia o incluso frente al espejo (cuanto más veces mejor), eso te da más seguridad y ganarás confianza para cuando estés dando tu charla definitiva.
No disculparse. Eso solamente se utiliza para cuando has hecho algo mal. No lo utilizarás para excusar incompetencia o humillarse delante de la audiencia. No disculparse por tu nerviosismo o carencia de tiempo en la preparación. Si tu auditorio no detecta tu ansiedad, no prestará atención a ella.
Disculparte por algo mal hecho. Esto no es una contradicción del anterior punto, si que hay que disculparse si te has atrasado o has hecho algo incorrecto. Lo cortés no quita lo valiente.
Pensar en la audiencia. Antes de incluso redactar un tema, debemos pensar en la audiencia a la que va dirigido. No es lo mismo presentar un tema ante profesores de universidad que ante una asociación de amas de casa. Si nos ponemos en lugar del auditorio podemos ser más eficientes al explicar nuestro tema.
Calor en la exposición. Eso es algo que se consigue con un poco de práctica, si puedes inyectar tu pasión por al tema en tus presentaciones, lo harás más vivo y tu entusiasmo se puede contagiar a la audiencia.

 

 

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